Maloka: ¿un sueño imposible o mal administrado?

Mientras en Medellín florece Parque Explora en Bogotá el centro de ciencia se estancó y lucha por sobrevivir. La Contraloría cuestionó el manejo de recursos en 2013. Sus directivos defienden la gestión.

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Desde su fundación en 1998 hasta hoy, tan sólo durante un año Maloka no reportó pérdidas económicas. Ocurrió en 1999 cuando registró $29 millones de ganancias. Los demás años han aparecido en sus estados financieros saldos en rojo. El año menos malo perdieron $59 millones. En los peores, el descuadre ascendió a $2.000 y $3.000 millones. La pérdida acumulada, al menos hasta 2012, cuando la Contraloría de Bogotá decidió chequear lo que ocurría, iba en $23.000 millones.

Los problemas de plata traen aparejados otros que desatan el círculo vicioso que hunden al afectado un poco más en el lodo. Sin fondos suficientes, los científicos invitados de alto nivel se han ido espaciando cada vez más en su programación. También las exposiciones innovadoras. Estos factores han menoscabado los recaudos por taquilla. La renovación de sus atracciones se congeló. En las páginas de los periódicos y noticias de ciencia, Maloka se fue haciendo invisible. A un costado del edificio, ubicado en Ciudad Salitre, permanece vacío el lote destinado a la construcción de la segunda etapa. En realidad existe una huerta. Parece un símbolo de los problemas que acechan.

¿Este museo de ciencia está condenado al fracaso y no puede señalarse a nadie de este destino? En un país que invierte menos de 0.5% de su PIB en ciencia, la respuesta obvia podría ser que sí. Pero hay razones para pensar lo contrario. Una de esas está en Medellín. Mientras Maloka pasa afugias en Bogotá, Parque Explora, que nació en 2007, ha sabido florecer y posicionarse como un gran atractivo turístico y un innovador centro de divulgación científica.

Con exposiciones como “Dinosaurios” o “Comer: comida, cultura y ambiente”, ambas en 2015, Parque Explora atrajo en cada una más de 100.000 personas. En 2012, pasaron por sus salas 2.583.000 personas. Tan sólo la quinta parte de ellas subsidiadas. Ese año, de acuerdo a su informe de gestión, se recaudaron $16.651 millones. La mitad de ese dinero por taquilla. Sólo 34% por convenios con instituciones públicas. Comparar es odioso, pero un dato insignificante quizás revele alguna pista sobre la buena o mala estrategia para un parque de ciencia: en Twitter, Maloka cuenta con 8.750 seguidores. Parque Explora suma 303.000.

Eduardo Posada, presidente de la junta directiva de Maloka, tiene a mano una explicación para estas diferencias: “El Parque Explora fue inspirado en Maloka. Fue una iniciativa del exalcalde Sergio Fajardo, quien entendió la importancia de la educación científica. Lo primero que Fajardo hizo como primer mandatario de Medellín fue destinar $70.000 millones para construir Parque Explora. Así que nació como entidad pública. Maloka, en cambio, nació como entidad privada sin ánimo de lucro. Desde sus orígenes, Explora tuvo apoyo de la Gobernación y de la Alcaldía, que le lleva los colegios de Medellín”.

Las cifras parecen decir otra cosa. Sólo en taquilla, sin contar con lo subsidiado por la Alcaldía de Medellín, Parque Explora puede recaudar la mitad de los gastos operativos de Maloka en un año. Estos ascienden, según su presidenta ejecutiva Nohora Elizabeth Hoyos, a $13.000 millones. Aquí hay que recordar que Bogotá tiene el doble de habitantes de Medellín y sus municipios vecinos. La población en edad escolar de Bogotá es casi de 1.5 millones. Un gran público. Por otra parte, esa tesis obliga a asumir que las instituciones públicas son más eficientes que las privadas en el sector educativo o cultural.

Un informe que deja dudas

En 2013 un grupo de funcionarios de la Contraloría de Bogotá revisó las cuentas de Maloka. El resultado fue un informe el que cuestionaron, entre otras cosas, el manejo que dio Maloka a $9.250 millones que recibió en 2008 por parte de la Secretaría de Desarrollo Económico, para construir la segunda etapa. De esa suma, $5.500 millones habían sido invertidos en otras actividades y $3.750 fueron depositados en CDTs. Los directivos de Maloka se defienden argumentando que “los recursos transferidos como incrementos de aportes tienen calidad de Participaciones y no tienen destinación específica”. En palabras sencillas, que si alguien dona dinero, Maloka tiene la libertad de darle el uso que considere apropiado.

Sin embargo, dos actas de junta en Maloka, y más de 10 documentos adicionales, precisan el compromiso adquirido con la Alcaldía para la destinación de esos recursos. Entre ellos, existe una carta de la directora al entonces Secretario General de la Alcaldía Yury Chillan en la que se lee: “Me permito acoger el compromiso tanto del Señor Alcalde Samuel Moreno, como de las diferentes entidades del Distrito, para seguir adelante con la construcción de la segunda etapa de la Corporación Maloka”.

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Hoy, el director jurídico de Maloka, Ricardo Silva, sostiene que “estos actos nunca le fueron notificados a Maloka. La notificación de una decisión administrativa cobra trascendental importancia en el entendido de que, cuando a uno le comunican algo uno lo acepta o no lo acepta”. En lenguaje menos jurídico, Maloka defiende haber usado esos recursos porque fueron aportados por la Alcaldía en un acto completamente unilateral y, de acuerdo a sus estatutos, eso implicaba poder absoluto de la junta para definir su utilización. “Primero nos trasladan la plata y yo misma dije, para qué es esa plata”, dice hoy Nohora Hoyos. (Ver entrevista completa). Una versión que no cuadra con el lobby previo y lo expresado en los documentos.

Si para esos años el déficit de Maloka ya rozaba los $3.000 millones anuales, parece evidente que no tenían fuerzas para emprender la construcción de un nuevo edificio y era necesario tapar otros huecos. Nohora Hoyos sostiene que es una interpretación equivocada de la situación de Maloka: “No es que los recursos de la segunda etapa fueran para tapar huecos de la primera”, recalca. Según ella, las proyecciones de Maloka estaban planteadas en el RIE (Plan de Renovación y Expansión) y, antes de embarcarse en la construcción de un edificio, la idea era fortalecer todos los programas que ya estaban andando.

Sin embargo, los datos de la Contraloría van en contravía de esta versión. Al justificar los $5.500 millones, Maloka anotó en su respuesta a la Contraloría que se gastaron $2.536.348.282 en “obra civil y diseños”. Y, lo más importante sobre los problemas de planeación y administración de Maloka, pagaron $600 millones por una licencia de construcción que se venció. ¿Si no estaban asegurados los recursos de todo el proyecto y el plan de construcción, por qué se montaron en ese caballo antes de ensillarlo?

Nohora Hoyos dice que al tiempo que recibieron los $9.500 millones ella había salido a buscar más de $40.000 millones, que era lo que costaba el nuevo edificio. El Presidente Santos les había prometido $20.000 millones, también la alcaldesa Clara López, otro tanto el sector privado. “Cuando Presidencia dice que si dos veces, cuando la Alcaldía dice que si, entonces arrancamos con pagar la licencia, porque si yo no le creo al Presidente y al Alcalde, a mí que me queda en la vida. Les creí y ahí estamos colgados. La misma junta dice que paguemos la licencia de construcción”.

Una fuente le explicó a El Espectador que en efecto Nohora Hoyos se reunión con el Presidente Santos. Los 20 mil millones a los que ella se refiere estaban asignados a Colciencias. Ella intentó convencerlo de invertirlos en un edificio que albergaría a varias entidades de ciencia. Colciencias no se dejó sacar ese dinero del bolsillo y los planes de Maloka se vinieron al piso.

Curiosamente, en el informe final con el que el director sectorial de la Contraloría, Jairo Hernán Zambrano cierra el caso Maloka en diciembre de 2014, no hay una sola mención a los citados $5.500 millones. Uno de los investigadores que participó en la elaboración del informe reveló a El Espectador que “dentro de la Contraloría hubo molestias por la forma como se cerró el caso”.

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¿En qué se va el dinero?

De acuerdo a los informes de la Contraloría, se advierte que la institución está gastando demasiado en personal, casi el 70% de sus gastos. Maloka se defiende de ese cuestionamiento planteando que “en organizaciones dedicadas a la producción y fortalecimiento del conocimiento como centros de investigación, y desarrollo tecnológico, el mayor recurso es humano ya que es con las personas que se genera conocimiento. Son ellas las que crean, investigan, e innovan. No se puede pretender que se genere conocimiento sin nuestro recurso más importante que es el personal”.

La nómina de Maloka revela otra cosa. Los mayores gastos de personal corresponden al salario de la directora ($25 millones), gerente general ($16 millones), un director de renovación ($10 millones) y un subdirector de inversión y desarrollo ($10 millones). Todos cargos administrativos. El grueso de los salarios restantes es bajo.

“En una organización como la nuestra la palabra administrativa es distinta”, argumenta Nohora Hoyos, “es relativa. Un administrativo es el gerente. Pero el resto son técnicos. Yo soy técnica. Porque yo todo el tiempo estoy generando conocimiento. El equipo de dirección es técnico. Si coges a la dirección de ciencia y sociedad, a la dirección de proyectos, que es una bióloga, todo el tiempo generamos, aplicamos, transformamos el conocimiento, administramos y hacemos la parte técnica al tiempo”.

Eduardo Gutiérrez, profesor universitario y quien trabajó por varios años en Maloka, cree que lo está ocurriendo con Maloka es algo similar a lo que pasa con el Festival de Teatro de Bogotá. “Nohora es a la ciencia lo que Fanny Mikey al teatro. Crearon un proyecto de dimensiones descomunales y no sé si este país esté preparado para resistir eso. Lo que cuesta hacer y mantener un proyecto como Maloka no podemos medirlo en las escalas en que la sociedad mide otros proyectos”. Y se pregunta: “¿es un déficit de Maloka o de la sociedad colombiana que nos muestra lo difícil que es hacerle lugar a un proyecto como este?. En su opinión, Colombia aún no ha aprendido a medir el retorno social que tiene este tipo de proyectos y ahí está su verdadera riqueza.

Miedo al debate

Hace dos semanas, El Espectador publicó una noticia en la que revelaba que durante la última reunión de la Junta Directiva, el nuevo Secretario de Desarrollo Económico Freddy Castro había pedido formalmente la renuncia de la directora Nohora Elizabeth Hoyos. Aunque la alcaldía de Enrique Peñalosa estaba dispuesta a ayudar con el plan para salvar a Maloka, querían una renovación administrativa. Días más tarde se negaron a hablar públicamente del tema. Tampoco han estado dispuestos a hablar las personas cercanas a Maloka contactadas por el periódico.

Lo más sano para salvar a una institución valiosa como Maloka es iniciar un debate más abierto sobre las necesidades y posibilidades de la educación científica en una ciudad de casi ocho millones de habitantes. Maloka, no hay duda, es un gran símbolo de la ciencia y la educación en Colombia. Fue pionera. Inspiró muchos otros proyectos. Incluido Parque Explora. Ha alimentado la imaginación de cientos de niños y jóvenes. Sus promotores, bajo la batuta de Nohora Hoyos, comenzaron a escribir un nuevo capítulo de la ciencia colombiana. Pero al mismo tiempo, con casi 20 años de tropiezos administrativos y económicos, debería existir una profunda reflexión y revisión. El debate está abierto. La franqueza podría resultar una buena medicina en la casa de la ciencia para darle larga vida.

Recuadro: Nohora Hoyos no es graduada de U. Yale 

Hace 20 años, Nohora Elizabeth Hoyos dejó atrás su puesto en el Instituto Nacional de Cancerología, abandonó su carrera como investigadora para dedicarse a la divulgación de la ciencia. Las personas que han trabajado cerca de ella la perciben como una luchadora, alguien que ha tenido que tocar todas las puertas posibles “extendiendo el sombrero” para mantener vivo el sueño de Maloka. Persistente y trabajadora. Hay, sin embargo, un detalle con el que Nohora Hoyos no ha sido clara: nunca se graduó como bióloga molecular en la U. de Yale. Según certificó Rebecca Linsky, asistente administrativa de la Oficina de Registro de la Universidad de Yale, no hay registros bajo su nombre. (Notas de prensa en Semana, El Tiempo, su perfil en La Silla Vacía o en LinkedIn, o entrevistas para revistas como Uniandinos cuando fue galardonada como una egresada ilustre, así lo manifiestan). Ella hoy sostiene que nunca ha dicho que tenga ese grado (Ver entrevista).

Fuente

Acerca de A. Arrieta

Físico egresado de la Universidad de Córdoba con sede en la Ciudad de Montería. Magister en Física de la Universidad Nacional de Colombia con sede en la ciudad de Medellín. Docente del Instituto Tecnológico Metropolitano (ITM) y docente adscrito a la Secretaría de Educación de Medellín. "Amarrar el conocimiento no te hace más sabio, en cambio compartirlo te hace más útil a la sociedad, trascender y no morir para siempre"
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